viernes, 16 de mayo de 2014

De pie

Han pasado casi tres semanas y todavía me siento destruida. Nunca me había sentido como me siento hoy. No sé cómo escribirlo. Me siento perdidamente enamorada de alguien que sé que existe, que está por ahí, pero que es demasiado cobarde y narciso como para atreverse a cualquier cosa.
Casi tres semanas y tengo demasiadas ganas de olvidarte, de convencerme de que no exististe, que no me hiciste tanto daño, que no me mentiste por tanto tiempo. Quiero pensar que realmente me quisiste, que no me entregué tanto sin motivos, que no perdí el tiempo. ¿Tan ciega estuve? Conocía perfecto tus defectos, ¿me equivoqué en creer en ti? ¿Tan autodestructiva soy?
Si pudiera, me sacaría el amor que te tengo a arañazos y lo dejaría en el suelo de tu departamento para que tú resolvieras qué hacer con él. No quiero más esa carga. No la quiero y no la pedí. Todo esto fue tu responsabilidad, deberías hacerte cargo. Debiste haberte hecho cargo y no correr como lo hiciste.
Y me siento rota hoy, que estoy intentando mantenerme de pie de cualquier manera. ¿Pero sabes qué? Me han botado así antes, me han empujado y he llorado más fuerte. Hay algo adentro de mi demasiado fuerte, algo que me obliga a querer levantarme, a no odiarte, sonreírte y a seguir adelante. Aunque ahora me sienta en el suelo, esto está lejos, muy lejos, de acabarse. Volveré con los pies bien puestos en la tierra, quizá con el corazón más frío, pero preparada para cualquier cosa. Después de ti, siento que nada me puede destruir.