domingo, 18 de mayo de 2014

Hoy

Quería escribirte algo honesto. Por el tiempo en que estoy, me cuesta decir lo que me pasa – todavía – cuando te veo sonreír. Siempre ha existido algo. A veces más, a veces menos, pero algo siempre está.
Ese martes estuve a cinco segundos de devolverme a tu departamento y robarte un beso. Quizá habría sido una mala idea, pero tendría algo más concreto sobre esto que me cuesta tanto explicar.
Me haces bien, me haces reír y, quizá, debiera empezar a creer en lo que me dices.

sábado, 17 de mayo de 2014

Diego

Aún no me decido qué fue lo que me dolió más: el engaño con el Diego o que nunca hayas creído en nosotros. Creo que lo segundo. Definitivamente lo segundo. "Ni yo nos ponía ficha, Panchi", me dijiste.

viernes, 16 de mayo de 2014

De pie

Han pasado casi tres semanas y todavía me siento destruida. Nunca me había sentido como me siento hoy. No sé cómo escribirlo. Me siento perdidamente enamorada de alguien que sé que existe, que está por ahí, pero que es demasiado cobarde y narciso como para atreverse a cualquier cosa.
Casi tres semanas y tengo demasiadas ganas de olvidarte, de convencerme de que no exististe, que no me hiciste tanto daño, que no me mentiste por tanto tiempo. Quiero pensar que realmente me quisiste, que no me entregué tanto sin motivos, que no perdí el tiempo. ¿Tan ciega estuve? Conocía perfecto tus defectos, ¿me equivoqué en creer en ti? ¿Tan autodestructiva soy?
Si pudiera, me sacaría el amor que te tengo a arañazos y lo dejaría en el suelo de tu departamento para que tú resolvieras qué hacer con él. No quiero más esa carga. No la quiero y no la pedí. Todo esto fue tu responsabilidad, deberías hacerte cargo. Debiste haberte hecho cargo y no correr como lo hiciste.
Y me siento rota hoy, que estoy intentando mantenerme de pie de cualquier manera. ¿Pero sabes qué? Me han botado así antes, me han empujado y he llorado más fuerte. Hay algo adentro de mi demasiado fuerte, algo que me obliga a querer levantarme, a no odiarte, sonreírte y a seguir adelante. Aunque ahora me sienta en el suelo, esto está lejos, muy lejos, de acabarse. Volveré con los pies bien puestos en la tierra, quizá con el corazón más frío, pero preparada para cualquier cosa. Después de ti, siento que nada me puede destruir.

jueves, 15 de mayo de 2014

Sos lo que buscaba

Odio escuchar tus canciones y sólo cuestionar qué fue mentira y qué fue verdad. Ya perdí tu recuerdo.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Canción para gritarte al oído


Glen Hansard - Leave

"I can't wait forever", is all that you said
Before you stood up
And you won't disappoint me
I can do that myself
But I'm glad that you've come
Now, if you don't mind
Leave, leave
and free yourself at the same time
Leave, leave
Let go of my hand, you've already gone.

Homónimo

Esteban, hay algo que siempre me empuja hacia tu sombra. Cada vez que me acerco a tu recuerdo, quiero sentirme más alta, intento hacerlo, pero tus palabras, por alguna razón, me mantienen de rodillas. La imagen de ti apretando mi cuello y quitándome del aire, no me deja dormir algunos días. No importa cuántos años hayan pasado. ¿Me vas a liberar algún día?

lunes, 12 de mayo de 2014

Reflexión después de leer

Una vez le escribí al Robin: "Además de ti, nadie tiene el poder para romperme tanto el corazón". Ahora que lo pienso, bien poco sabía. Ignacio lo hizo y me dolió mil veces más. El amor fue distinto. 
El amor con el Robin fue racional, cuadrado, ingenieril y me gustó así. Con Ignacio fue pasional, de guata, quizá poco inteligente y dispuesto a todo. Y estaba dispuesta a todo, incluso a dejar mi propia vida para seguir en la de él. Menos mal que la cagó.
Y ahora aparece, de nuevo, Juan Pablo. Que es, al mismo tiempo, un sí y un no. Es una extraña mezcla de ambos amores. Me desconcierta. Quiero terminar con estos ocho años de tira y afloja. 

Confesiones de invierno

No era invierno todavía, pero a mí sí me parecía. Nos levantamos como todos los días: jugamos en la cama, tomamos desayuno y nos duchamos juntos. Corrimos por la playa, nos reímos y comimos. El sol nos acompañó toda esa mañana.
¿Después? Después me golpeaste en un ojo, me ahorcaste, me apretaste fuerte de los brazos, me quebraste la espalda, doblaste mi cintura, rompiste mi cadera, doblaste mis rodillas y dejaste moretones en mis tobillos. Nadie me había hecho tanto daño intencionado. Nadie me ha roto el corazón así.
Me confunde aún que todo haya pasado en el mismo día.
Ahora entiendo, eso sí. Ahora entiendo tu inseguridad, tu miedo, tu terror a hacerme daño. Todo este tiempo tuviste las herramientas para hacerlo, estaban ahí, a tu disposición y lo tenías muy claro. Era cuestión de tiempo si te decidías a usarlas o no. Y te aterraste cuando me viste tan vulnerable, con las defensas tan bajas. Te aterraste tanto que decidiste dañarme de una, sin anestesia.
¿Te pesa? Me gustaría. Aún sueño contigo, tengo pesadillas donde mis piernas están llenas de moretones. Tengo la esperanza de que suene mi teléfono y que seas tú pidiendo disculpas. Bien tonta que soy. Aunque nunca va a cambiar la situación actual de las cosas, me gustaría saber que te arrepientes por el mal que hiciste.

domingo, 11 de mayo de 2014

No puedo enamorarme de ti II

Lo pensé al principio: no debía enamorarme. Creo que en el fondo siempre lo supe. Siempre supe que, en algún momento, ibas a hacerme daño. No sé bien el motivo por el cual seguí intentándolo. Quizá fue esa tonta esperanza que podías fijar tus límites pensando en mi cintura. Claramente me olvidaste mientras pensabas en su espalda.
Me dio terror atreverme a amarte, pero lo hice. Creí en ti. Es intenso saber que tu nunca lo hiciste, y que tampoco creíste en nosotros. Nunca.
Nunca estuviste enamorado de mi. Nunca. No pudiste enamorarme de mi. No quisiste hacerlo, creo yo.
Me gustaría engañarte ahora, pero, y a diferencia tuya, no se me da bien mentir.

sábado, 10 de mayo de 2014

Haven’t

Estuve imaginándote hoy. Me pregunté de qué color tienes los ojos. Pensé en que quizá ya te conozco, quizá te besé ayer, quizá te conocí el jueves. Quizá eres tú, Martín. Quizá eres el hombre que casi me atropelló hace una semana atrás y que ahora pasa por mi casa caminando muy lento. Quizá estás al otro lado del mundo. Quizá eres tú. 
Un par de veces pensé que ya te había encontrado y que era nuestro tiempo, pero bien equivocada que estaba.


viernes, 7 de febrero de 2014

Carta a mi ex: Sebastián

Cuando comenzamos yo tenía 12 años. Quizá 11. Tú tenías 15. Hoy tienes 28 y serás padre en cuatro meses más. Me alegro por ti, en serio. Agradezco infinitamente que esa mujer no soy yo, porque no eres para mí. Creo que hoy, un “nosotros”, sería imposible. Peligroso.
Un hombre de primer año de universidad es el sueño de toda niña de 14. O por lo menos era el mío. Fui hartas veces la envidia de mis amigas. “Mi pololo tiene auto”, “mi pololo me viene a buscar al colegio”, “el Seba estudia matemáticas en la Católica”. Y justamente por eso lo nuestro jamás habría resultado. Me gustaba lo que significabas para una niña de 14. No me gustabas tú, no me gustaba tu voz de pito, tu estatura, tu humor, ni la primera vez que me tocaste. Eras femenino, no sabías bailar y, lo diré así no más, eras bastante fome para una mujer Sagitario que necesita de un mover constante. Tú sólo eras constante.
Me aburriste. Busqué motivos para que termináramos. No los creíste y no quisiste. Dejaste marcas en mi espalda. Me volví a aburrir y me fui.
Me sorprendió que te hayas enamorado de una mujer. Por un momento pensé que podías ser homosexual. Me alegro que exista alguien a quien le parezcas divertido y que no note el movimiento en extremo delicado de tus manos.
Te quise. Ya no. Quizá te tengo cariño.
Nunca me gustó que me trataras de “mi niña”. Lo encontraba, y lo encuentro, infinitamente cursi.
Un beso. Éxito y que tu hija nazca sana.

Pancha.

martes, 14 de enero de 2014

La pura verdad

No son tantas las cosas que me molestan. 
La mentira me saca de quicio.
Mentiroso de mierda.
Te lo ganaste.

miércoles, 8 de enero de 2014

El primer abuso

El primero fue cuando tenía 12 años. Iba camino a mi casa desde el colegio. Tenía que caminar unas dos cuadras. Creo que me faltaban unos 20 metros para llegar al edificio donde vivía y que estaba ubicado en la calle Humberto Trucco, justo frente a la Plaza Ñuñoa. Caminaba mirando a la gente pasar. Siempre hacía eso. A veces, cuando alguien pasaba al lado mío, respiraba muy profundo, así podía captar su olor. Dejé de hacer eso cuando un día olí a un vagabundo y me dieron arcadas. 
Había recién cruzado Dublé Almeyda. Miré hacia la plaza y habían tres estudiantes sentados en una banca. Eran del Liceo Chileno Alemán de Ñuñoa. Los reconocí por la insignia que llevaban en su chaqueta. No les presté atención y comencé a caminar los 20 metros que faltaban para entrar al condominio que estaba compuesto por tres edificios. Yo vivía en el último. En el 105.
Uno de los tres estudiantes cruzó Humberto Trucco. Se acercó. Pensé que iba a entrar al Colegio República de Costa Rica que estaba justo al lado. Recuerdo que se puso atrás de mi, tan cerca que me empujó pues había pasado a llevar mi mochila. Se acerco más y me dio un pellizco muy fuerte en el trasero. Apenas lo hizo, comencé a caminar más rápido. No me atreví a decirle algo. El se dio vuelta y comenzó a reír. Los amigos también lo hicieron. Aplaudieron, incluso. Años después, pensé que probablemente había sido una apuesta entre ellos y que, el sujeto en cuestión, había ganado. Por algo lo celebraron tanto.
Cuando entré al condominio, cerré la reja rápido y me puse a correr. Entré en el segundo edificio y bajé al subterráneo. Me escondí entre los medidores de luz y la basura y me largué a llorar. 
Unos 15 minutos después, caminé hasta el 105 y toqué el timbre del departamento 17. Mi mamá abrió la puerta con una tremenda sonrisa, me besó y me encontró extraña. Preguntó si había pasado algo. Que no, respondí. 
Hasta hoy me pregunto por qué no dije nada. Hoy me pregunto que pasaba por la cabeza de esos hombres enfermos, que qué era lo que celebraban si le estaban causando daño a una niña. Tenía 12 años. No tenía ni pechugas.

lunes, 6 de enero de 2014

Death on two legs

No, no me aguanté y te busqué para asegurarme que estabas mintiendo. Así lo intuí ayer.
"Mi niño lindo, le irá bien. Yo sé que sí, le tengo toda la fe. A la distancia le envío las mejores vibras y le deseo éxito. Un abrazo y un beso para subirle el ánimo".
¿Así te escribe alguien con quien terminaste?
Tengo dos posibles conclusiones: la primera, es que eres una persona muy cobarde. La segunda, es que eres un maricón. 
A estas alturas, creo que eres la dos.