domingo, 20 de octubre de 2013

La vida que recuerda

Hace mucho tiempo que la vida me va recordando cada determinado tiempo, que su paso por ella tiene un carácter irreversible, que las vida no da un paso atrás y es el foco de muchas de las penas que uno tiene. También me recuerda que los amores son pocos, que amar y sentirse amado es un regalo muy bello. Que la nostalgia y extrañarte ha sido la evidencia de tu paso por mi vida. No quiero extrañarte más. No quiero, me duele, duele mucho que ya no estés y que hayas elegido no estar. Fin.

lunes, 14 de octubre de 2013

Ahí va

Hace tiempo que te grito. Hace harto tiempo que no te culpo por como estoy hoy, por mis traumas, por los temblores, por cada uno de los dolores. Ni sabes de mi. Quizá te acuerdas que existo una vez cada dos semanas. Yo pienso en ti todos los días. Cada vez que me levanto y me pesa la espalda en las caderas. Cada vez que me dan ganas de llorar porque no puedo subir una escalera o cuando me duele infinitamente bajarme de una micro o cuando un movimiento inconsciente de Ignacio me recuerda a uno brusco y violento tuyo. Se me aprieta la garganta cuando pasa eso. Me da taquicardia. No creo que sea sano esto. Definitivamente no lo es, pero es. Es así. Estás todos los días conmigo. Estás en todas partes. Finalmente lograste lo que me gritaste en la calle ese día: nunca voy a poder librarme de ti. 
Hoy vengo a quejarme de algo en especial... o por lo menos pretendo hacerlo. Me asusta escribirlo. Que tonta. Ahí voy.
¿Qué te pasa cuando te acuerdas? Aunque quizá no te pase nada. Probablemente no. Quizá ya lo olvidaste. Te había dicho que no, que no quería. Me insististe tantas veces para que te explicara mi negativa, que te la dije: no quería acostarme con alguien que me hacía tanto mal. Siempre supe que era un error decirte eso, que no me iba a salir gratis. Y fue así. Me manipulaste diciéndome que mi problema no era ese, que yo era frígida, que no me gustabas, que me calentaba con otros hombres... no sé, pero me quedé en silencio. Me acosté de costado en la cama a llorar. Te pusiste atrás de mi. ¿Te acuerdas cómo me tocaste? Te dije que me dolía, que me apretabas muy fuerte. Me insististe con palabras amables. Cuando me negué de nuevo, me tomaste fuerte del cuello y me diste vuelta.
Me dolió tanto. Tuve que dejarme llevar.
Cuando terminaste, te arrepentiste. Tomé mis cosas y me fui.

Tarde

Hice hasta lo imposible para que no me quebraras anoche. Creo que lo logré. Quizá no tanto, porque estoy escribiendo esto y tú, como siempre, lo estás leyendo.
Lo intentamos y nos arriesgamos tanto. Realmente nos importaban poco las consecuencias. Empujamos hasta que no pudimos más. En realidad, hasta que no pude más. Fue demasiado. Y si quieres culparme, hazlo. Yo tengo claro lo que hice y lo que dije. Hice las cosas lo mejor que pude. Nunca tuve malas intenciones. ¿Cómo las iba a tener? No podría. Si en algún momento quise quedarme contigo toda la vida, quería que estuvieras siempre en mi metro cuadrado. Ese que cuido tanto y que no dejo entrar a nadie. A nadie.
Confieso que aún quiero gritar. Fue dura la caída. Y nunca quise dañarte tanto. En ese tiempo quería encontrar al Robin que conocí hace años atrás. No lo encontré. No puedes decir que no busqué lo suficiente. No me escuchaste cuando tenías que hacerlo y cuando lo hiciste, yo ya tenía mi refugio construido. Ese lugar donde estoy sola, donde estoy bien, tranquila, sin confusiones, donde puedo pasar el tiempo leyendo. 
Hoy no hay nada para hacer. Ya no queremos lo mismo. Ya no somos los mismos. Me quedo tranquila sabiendo que durante esos años logramos una conexión que nadie nunca va a quebrar. Creo que vamos a estar siempre conectados. Aunque ahora no sirva de nada. 

martes, 1 de octubre de 2013

Ninguna palabra


¿Tenías que volver? ¿Para qué aparecer? ¿Por qué?  ¿Por qué me corresponde recibirte cuando a ti se te ocurra? Será porque fui yo la mayor culpable después de todo. Yep. Tu rompiste el mayor de mis sueños, el más grande, pero yo decidí que no me interesaba volver a armarlo.
Me cuesta creerte. Tú no eres como yo, tú construyes sobre rocas y yo sobre nubes... y no sé muy bien el motivo de eso. Y me cuesta creer en tu odio, en tu rencor y en tus malos deseos. Lo sé, porque no eres así y porque no eres como yo. No pretendas que esta no es tu pesadilla.
¿Qué nos pasó? ¿Qué me pasó que quise empujarte hasta donde no podía más?