miércoles, 17 de abril de 2013

Carta para ti en 30 días más


Me agoté. Fue como degradarme muy de a poco. Perdí mis colores, mis palabras inventadas y mis zapatos. Los perdí y no sé dónde buscarlos. No he sabido nada de ti desde ese día cuando pensaste que obligarme a jugármela por ti, mientras esperabas sentado, era buena idea. No era una buena idea y te lo hice saber. Las relaciones siempre se han construido de a dos. Asumo que lo olvidaste.
La diferencia entre nosotros es que yo suelo tomarle menos peso a las cosas, ¿peleas? ¿Falta de tiempo? Esas cosas pasan, uno, como pareja, se debe adaptar a los cambios y trabajar con las cosas que tiene. Asumo que no lo entiendes como yo.
Me culpaste por varias cosas, pero ¿recuerdas todas tus negativas? ¿Recuerdas cuando te pedía que habláramos de nosotros y nunca querías? ¿Correspondía sólo sentarte a esperar? No. Y te lo adviertieron: si te dejabas estar, esto no iba a seguir. Y así fue. Asumo que de eso te puedo culpar.
Ese día bajé la guardia, derrumbe todo mis muros y tu sólo te alteraste. Me dijiste que estabas cansado de mi, que la relación que teníamos no era lo que tu buscabas… me rompiste tanto el corazón. ¿Qué pasó con los planes que hicimos para los dos? ¿Qué pasó contigo diciéndome que era el mundo que nos juntaba? ¿Que por qué estoy intranquila? Porque independiente de lo que te dijera, mostrara o escribiera, no había ningún espacio para mí… sólo para ti y tus no ganas de resolverlo.
Y si realmente eso de los finales felices existiera, estarías golpeando mi puerta con las flores que nunca me volviste a regalar y yo te abrazaría hasta quitarte un poco el aire.

Era


Teníamos un record. Nadie se quería más que nosotros.

Suposiciones


Revisando las cosas que he escrito de ti durante todos estos años, me encuentro con algunas que no creo que vayas a querer leer. Son demasiadas y un poco duras.
Nos es algo que tengo resuelto, pero tengo un mayor control de mí y de mis emociones. Por esto me atrevo a decir lo siguiente:
Me gusta coquetearte y no enrollarme. Me gusta decir poco y esconder más. Creo que te intriga. Me gusta reírme de ti y contigo de mí. Confieso que a veces pienso en qué pasaría si algún día nos damos una oportunidad, ¿me cansaría de ti? ¿Me quejaría de lo latero que puedes ser? ¿Aguantarías mis mil obsesiones? ¿Lo sagrado de mi metro cuadrado? ¿Mi honestidad sin filtro? Como sea, no nos vamos a enterar nunca. Aunque si seguimos suponiendo… creo que sería un poco cansador, pero de todas maneras sería de esas relaciones de las buenas, de risas excesivas, de discusiones por quién tiene razón, de confianza desmedida, de calenturas 24/7, de mañanas flojas y de tardes ñoñas. ¿Será? No, pero me puso un poco ansiosa pensarlo.

Nuestro



Me cuesta cerrar ciclos, lo confieso. Me cuesta olvidar, pero ya pasó tiempo suficiente y es de esta forma como suelo despedirme. Asumo que ya lo hiciste.
Audífonos otra vez. Ahí voy.
Y nos juzgaron como si supieran lo que pasaba entre nosotros. Nos miraron, cuestionaron, pero mi decisión fue clara y de una palabra: tú. Y aunque no puedes estar más lejos de mí, me quedo con la sensación de tranquilidad que lo intenté, me quedo con las hojas secas que rompiste, con la honestidad de esos días.
El pasado de cada uno terminó por alcanzarnos y las dudas pudieron más, ¿podíamos haberlo cambiado? Quizás sí… ¿o no? No creo que nos enteremos.
Y aunque me llovieron los te dije y los “fuiste una más”, apenas te recuerdo, se dibuja una sonrisa en mi cara… porque adoré las manchas de tu piel, tus manos desproporcionadas, tus temblores, tu escondida ternura, tu pelo imposible de tirar, tus labios fáciles de morder, las complicaciones innecesarias, tus silencios… tus silencios. Estúpidos silencios.
En el momento, cualquier advertencia fue ignorada, porque me conquistaste con una facilidad impensable para alguien tan orgullosa como yo. Nada me importó, nada... porque eras mío.
Nuestras expectativas fueron altas, el camino más que difícil, pero ese tiempo y amor, sólo fue nuestro. 

Estorbo



Hay tantas cosas que me recuerdan a ti. Algunas me gustan, otras me estorban, pero están aún. Ahí y aquí. Desvaneciéndose. Y no te culpo. Quizás un poco. Yo quería seguir. Fuiste el primero en correr, ¿te acuerdas que apostamos? ¿Podía hacer algo más? Quizás. ¿Podías haber sido más valiente? Obvio que sí.
Y me fue difícil. Fue algo que me dolió por bastante tiempo. Y la mejor forma para irme fue recordarte aún más. Repasé el primer beso, mi posterior llanto, los días siguientes, los juegos, los “fuck, I’m horney”, el suelo de tu pieza, el terror que sentíamos al pensar en la posibilidad que el otro se fuera, Turning pages…
Me encantaba tanto conocerte tanto, me encantaba organizar días perfectos…
Y no dudo que volviste a tus rutinas y que fui un intento fallido de autoconvencimiento de que podías ser alguien más, qunque me gustabas por como fuiste siempre.
Dudo un poco que me hayas extrañado y que te hayas arrepentido. No he sabido más de ti. Me enganché tanto y todo pareció ir derecho a algo más grande, algo que pudo ser, algo que no fue, algo que rompiste y que ni intenté arreglar… quizás debí hacerlo.