lunes, 28 de enero de 2013

¿?


¿Cuándo te volveré a ver? ¿Te volveré a ver? ¿Qué pasa ahora? Te fuiste y yo me quedé con un corazón roto en pedacitos tan pequeños que no creo que pueda juntarlos nunca. Obvio que alguno se perdió entre las imperfecciones del suelo. 
Merecía mucho más, ¿sabías? Mucho más que esa despedida que me diste. No pude mirarte a los ojos, no pude tomar tu mano por última vez. No tuve mi último beso como para recordar siempre tu sabor. ¿Por qué privarme de eso? No tuve la oportunidad de retener tu olor en mi memoria, ni repasar las líneas de tu cara, ni tus arrugas alrededor de tus ojos, ni apoyarme en tus brazos. ¿Para qué? 
Sé que puedo ser dura, irónica, fría, pero ¿es eso suficiente? Puedo tener una amargura muy escondida, puedo ser orgullosa... ¿Por qué irte sin darme una última palabra? Tomaste mis manos tantas veces y me llevaste a mi casa cuando no podía llegar sola. ¿Por qué me besaste tanto? No entiendo para qué secar tantas veces mis lágrimas si de todas maneras dejaste miles de ellas.
Hasta ahora he funcionado guardando en un sobre hojas de colores por cada vez que te he echado de menos. Me ayuda a darme cuenta cuánto me falta para olvidarte. ¿Quieres hacer tu lo mismo?

martes, 22 de enero de 2013

Refugio

Hoy lloré por ti. Algún refugio habrá. Y me angustia un poco lo desesperados que estamos por congeniar. 

lunes, 21 de enero de 2013

Broken

Creo que independiente de lo que haga, decida lo que decida, alguien saldrá con el corazón roto. Y, claro, sería mucho más fácil si fuera capaz de despegarme de los corazones enamorados, pero no puedo. Me importan, me gusta cuidarlos y compartirlos con el mío. Me rompe un poco el corazón, hacerle daño a otro. Trato tanto de ser cuidadosa que no me doy cuenta que llevo las cosas al extremo y, de todas maneras, termino poniendo banditas. 
¿Qué hago? 
Sería tan distinto si las cosas me importaran un poco menos y fuera menos enamoradiza... si al despertar por las mañanas tuviera a alguien sosteniendo el mío con tanta seguridad que no me alcanzara el espacio para tener tantas dudas. Y cada cierto tiempo me cuesta respirar. Y lo recuerdo. A él. A ese corazón fiel y encantador que aún quiere levantar el mío, que quiere recogerlo del suelo y guardarlo, una vez más, en mi pecho para que esté a salvo. ¿No se aburre? Me ha salvado ya tantas veces que no sé porqué lo sigue haciendo.
Sin embargo, durante las noches, aparece ese corazón inseguro, juguetón, nuevo, pero con demasiadas heridas y un poco manchado, pero que, si quisiera, aprovecharía esa posibilidad para robarme el mío y no devolvérmelo nunca. Nunca. No puedo no querer cuidarlo, no querer levantarlo y mantenerlo ahí... no puedo no intentar hacerle entender que está bien tener un sólo corazón, que sea sano y que comparta sólo con una persona más.
Por mientras, pensaré en el mío. Me sentaré en el suelo y lo veré ahí, desparramado, mientras decido lo que quiero hacer con él.

lunes, 14 de enero de 2013

19:13

Aweoná. Te pasa por dejarte llevar.

viernes, 11 de enero de 2013

Aquí voy

De alguna manera tengo que matar el tiempo, ¿no? Hace tanto que no estaba tan enferma. Igual pude haberlo evitado. Caminaba por la avenida Holanda y un tirón en mi rodilla derecha me recordó que no puedo caminar tanto. La ignoré. ¿Y por qué no lo debí hacer? Hace varios meses que no he tenido problemas: he bailado, subido cerros, he corrido... ¿y por qué ahora? Enfermedad de mierda que viene cuando quiere.
Y ahora, acostada mirando el techo y sin poder moverme, quiero hacer tantas cosas. Simples, obvio. Quiero bajar la escalera y servirme un vaso de agua, quiero levantarme y poner música en mi computador, quiero leer sin que me duelan las manos por sostener el libro.
Me cansa, me cansa tanto.Van dos años y medio en que no he dejado de sentir dolor... nunca. Y por más que intento acordarme cómo era antes, no puedo. Quizás es mejor así. No añoro algo que no tendré. 
...
Hace tanto tiempo que no lloraba de dolor.

jueves, 10 de enero de 2013

Detalles

Quiero decirte muchas cosas. Quiero dispersar tus inseguridades. Quiero susurrarte al oído que no pretendo irme a ninguna parte. Ahí voy. Dame un segundo.
Suspiro y me pongo los audífonos. Escucho un playlist que no para de crecer con canciones que me recuerdan a ti... y con canciones que te recuerdan a mi.
Ahora sí.
Que me veía pésimo, te dije. Me miraste, me arreglaste el pelo detrás de mi oreja y me respondiste: “te ves hogareña… te ves bien”. Miré hacia abajo y sonreí. Fue nuestra primera noche. Él nunca me dijo algo parecido en todos esos años y tu lo hiciste luego del primer beso. A él sólo yo le gustaba con el pelo suelto y peinado.
Y son millones de detalles así: tu mano cuando me bajo de la micro, tu brazo en mi cintura cuando algo no te parece bien, la forma en que me sostienes cuando te gusta un beso, cuando de manera inconsciente tomas de mi mano tan fuerte, cuando rompes hojas secas cuando te sientes nervioso, la paciencia que me tienes… el esfuerzo que noto que haces todos los días para hacer que esto, este tu y yo, funcione. No sabes lo bien que se siente todo eso, pero yo sí. Son estos y más detalles los que valoro y hacen que mi corazón se acelere cuando sé que estás por llegar. Son detalles que voy ordenando en mi cabeza y que, a medida que aumentan, ellos mismos van grabando tu imagen en mi piel. Y me encanta que así sea.
He pasado los últimos años de mi vida caminando en el camino seguro, con hombres que me decían dónde ir y cuáles iban a ser todas las dificultades para avanzar. ¿Qué me dices tu? Que no puedes prometerme nada, que no sabes que puede pasar contigo, que tienes miedo de ti… Sí, es cierto, estoy en un constante estado de cuestionamiento y de sospecha, pero cada vez que te veo, cada vez que estoy cerca de ti, me dan unas ganas inexplicables de enseñarte a caminar por el camino seguro, de mostrarte que es mucho mejor por los que has andado. Quiero decirte por dónde podríamos ir. No te diré las dificultades. Tampoco me digas cuáles son. Con que tengas las mismas ganas de tomar mi mano, estoy tranquila.

sábado, 5 de enero de 2013

Gravedad


Hay algo que siempre te trae a mi memoria cada cierto tiempo. Vuelvo a sentirme como ese día en que decidí irme y se me aprieta el corazón, me empiezan a sudar las manos y mi garganta se asusta.
Me apretaste con tanta fuerza la espalda, rasguñaste tan fuerte mis muñecas que me obligaste a suplicar que me sacaras las cadenas, las tuyas, las que pusiste tan bien… si supieras que aún me duelen los tobillos.
Fueron tantos insultos en mi oído… tanto te gritaba que me dejaras tranquila, que ya no más, que no me empujaras, que no, que me cansaba tu gravedad en mis rodillas. Aún no puedo más.
Quise y busqué tanto ahogarme en tu aparente ternura y en tu fingida sonrisa. Tanto lo busqué que terminaste asfixiándome con tu mano en mi boca. Olvidé contar todas las veces que no me dejaste respirar.
Libérame. Déjame ser. Déjame reír. ¿Cómo es que dejaste tantas marcas? No quiero seguir viviendo bajo tu pulgar, no quiero más que estés aquí, no te quiero en mis recuerdos, ni golpeando cosas, ni obligándome a hacerlo cuando no quiero. No te quiero en mis sábanas, ni en mis pesadillas, ni en mis letras.
Pero estás aquí, en mí y en todas partes.