martes, 24 de diciembre de 2013

Romeo y Julieta

Al final da lo mismo en qué estemos ahora. Nuestra historia podría ser fácil la más romántica. 
"Ella tenía 16 años cuando lo conoció. Él 21".

jueves, 12 de diciembre de 2013

Bestiario

Eventualmente creo que este blog se va a convertir en mi bestiario: un recuento de los hombres que han pasado por mi vida (y algunos han sido verdaderas bestias).

Tu espalda

Hoy te vi de espaldas. Recordé el olor de ella el día en que casi me quedo dormida encima.

Beso de despedida

Ese día me encontré con una caja grande y plana bajo mi cama. Me dio vergüenza la cantidad de pelusas que había. Limpio tanto y prometo que no sé cómo se acumula tanto polvo bajo mi cama.
Tengo que confesar que estaba re perdida y que, cuando encontré esa caja bajo mi cama que llevaba escrito tu nombre en uno de los costados, pretendí que encontraría muchas respuestas. Pero no lo hice. No encontré nada que no supiera. ¿Y sabes por qué? Porque eres mucho de repetir, de estudiar, de observar tu contexto, de entender todo perfecto antes de avanzar. Quizá era esa la razón por la cual a veces sentí que yo avanzaba y que tú no lo hacías conmigo.
Abrí la caja. Me encontré con fotos, boletas, entradas al cine, mensajes en papel de cuadernos, entre otras cosas. En cada objeto me decías cuánto me amabas, cuánto querías estar conmigo, lo afortunado que te sentías por haberme encontrado… ¿sabes lo que no salía? Una explicación coherente. Algo que me orientara qué hacer cuando eres tú el que empieza a perder el rumbo, el que se ahoga y el que miente por estar tan escondido en su refugio.

Se me hizo tarde ese día mientras leía tus cartas, mientras te repasaba intentando encontrar al de siempre. Poco rato después, me llamaste, no recuerdo bien para qué, pero peleamos. Sé que después lloré. Volví a sacar la caja, la volví a abrir y pensé cómo podía hacerme diminuta para acostarme entremedio de todos esos papeles. Quizá, pensé, así te volvería a encontrar.

Lo sé hacer mejor que tú

Algo está pasando. Te imaginaba un poco distinto. Te imaginaba más sucio, de un amor más inconsistente y sofocante. Dramático y presente. Desinteresado y siempre ruidoso.  Me sorprendí cuando no fue así. Me sorprendo cuando soy  yo la que te exige jugar, la que te amarra, la que te pide y da de probar, la que da instrucciones y te obliga a entregar más cuando no parece suficiente.

No, no me aburre. Lo que me tienta es tu sonrisa cómplice y juguetona cuando te propongo cosas y tú prendes conmigo. A veces creo que siempre pensaste que yo era así y que este tiempo sólo esperabas a que yo diera el primer paso.

Fuiste

Fuiste mucho. ¡¿Y cómo no?! Si me encontraste cuando estaba con mis rodillas deshechas y con mi espalda abierta. Tú, con toda la paciencia del mundo, fuiste enderezando mis vértebras, afirmando mis tobillos y estirando mis dedos cuando el dolor no me lo permitía.
Me caí tantas veces. Tantas que en algún momento me dio vergüenza seguir contando, pero, creo, que a ti nunca te importó. Pude haberme destruido, romperme yo misma la mandíbula. Ya me imagino tu reacción. Quizá me habrías mirado de lejos, me hubieras dicho, eso sí, que no lo hiciera. Obvio que no te habría hecho caso. Y, cuando ya estuviera llorando en el suelo mirando lo que me hice, te habrías acercado y me hubieras armado de nuevo. Con una sonrisa en la cara y explicándome lo que hice mal. 

Fuiste mi excepción a la regla. Me llevaste, sin saberlo, más allá de los cuentos que imaginaba cuando tenía 8 años.

Tu sonrisa inolvidable

Tenía 16 años. Adolescente enamorada. Irracionalmente enamorada. Nada más peligroso. ¿Sabes lo que más me conquistó en ese entonces? Tu sonrisa. Tu sonrisa que estaba lista para comercial. No es amplia, pero está bien dibujada. Todas las veces que te has ido y has querido volver, es tu sonrisa inolvidable la que me convence de que tenemos algo pendiente, la que me dice que te sonría de vuelta y te muestre mi sonrisa muy poco perfecta.

Hoy. Hoy veo tu sonrisa y yo sonrío. Porque sigue igual. Ya no me causa lo mismo, pero es igual de perfecta, igual de peligrosa. Se le sumaron marcas en los lados, quizá eso la hace aún más ideal.

Hogar

Cada cierto tiempo uno necesita volver donde empezó o, por lo menos yo, necesito volver a mirar mis pisadas. No porque quiera cambiar lo que ya hice o porque busque algo por lo que deba arrepentirme. Es porque es una de mis mil formas de conocerme y entenderme. Así me entero por qué estoy aquí.
Hoy vuelvo a ese mes que estuve en cama. En las horas interminables que estuve mirando el techo. Llorando porque quería bailar, saltar, girar, correr y no podía mover ni mis piernas. Algo me pasó ese mes. Algo leí en los días que pasaban. Algo pasó el día en que me volví a levantar sola.
Me di cuenta que nunca iba a ser la misma. Quizá soy un poco más amarga, más racional, más irónica y menos romántica. Pero hoy aprecio cada vez que puedo subir una escalera o caminar cuatro cuadras.
Ese día que me levanté, los libros se volvieron mis compañeros incondicionales, me volví feminista y decidí mi vida la quería dedicar a salvar mujeres.

And I love her

Ella me gusta dependiendo del ciclo en que esté. Cuando despierto con ganas de gritar, de luchar y de recordar mis raíces, la busco. Me cuesta encontrarla. A veces tardo semanas. Apenas la siento alrededor, me acerco despacio. La observo de lejos. Me asusta porque la mayoría del tiempo no sé cómo acercarme ni cómo abordarla. Me pone nerviosa y hace que me avergüence, porque le encanta recordarme las veces que he cometido errores. 
Nadie me pone tan insegura como ella. 
Me tira hacia abajo, me apunta desde su altura y me dice, constantemente, que no soy lo suficientemente buena. Me susurra al oído que mi imaginación es muy limitada y que lo más fácil es dejarla ir y conformarme con su hermano. Yo le digo que quizá es mejor así. Su hermano me acomoda, lo escucho y no le tengo que responder… o trato de no hacerlo. Además se ve tan bien en las estanterías que están en mi pieza.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Piropo

Una de las cosas más lindas que me han dicho en la vida ha sido: "te quiero libre, linda y loca".

domingo, 20 de octubre de 2013

La vida que recuerda

Hace mucho tiempo que la vida me va recordando cada determinado tiempo, que su paso por ella tiene un carácter irreversible, que las vida no da un paso atrás y es el foco de muchas de las penas que uno tiene. También me recuerda que los amores son pocos, que amar y sentirse amado es un regalo muy bello. Que la nostalgia y extrañarte ha sido la evidencia de tu paso por mi vida. No quiero extrañarte más. No quiero, me duele, duele mucho que ya no estés y que hayas elegido no estar. Fin.

lunes, 14 de octubre de 2013

Ahí va

Hace tiempo que te grito. Hace harto tiempo que no te culpo por como estoy hoy, por mis traumas, por los temblores, por cada uno de los dolores. Ni sabes de mi. Quizá te acuerdas que existo una vez cada dos semanas. Yo pienso en ti todos los días. Cada vez que me levanto y me pesa la espalda en las caderas. Cada vez que me dan ganas de llorar porque no puedo subir una escalera o cuando me duele infinitamente bajarme de una micro o cuando un movimiento inconsciente de Ignacio me recuerda a uno brusco y violento tuyo. Se me aprieta la garganta cuando pasa eso. Me da taquicardia. No creo que sea sano esto. Definitivamente no lo es, pero es. Es así. Estás todos los días conmigo. Estás en todas partes. Finalmente lograste lo que me gritaste en la calle ese día: nunca voy a poder librarme de ti. 
Hoy vengo a quejarme de algo en especial... o por lo menos pretendo hacerlo. Me asusta escribirlo. Que tonta. Ahí voy.
¿Qué te pasa cuando te acuerdas? Aunque quizá no te pase nada. Probablemente no. Quizá ya lo olvidaste. Te había dicho que no, que no quería. Me insististe tantas veces para que te explicara mi negativa, que te la dije: no quería acostarme con alguien que me hacía tanto mal. Siempre supe que era un error decirte eso, que no me iba a salir gratis. Y fue así. Me manipulaste diciéndome que mi problema no era ese, que yo era frígida, que no me gustabas, que me calentaba con otros hombres... no sé, pero me quedé en silencio. Me acosté de costado en la cama a llorar. Te pusiste atrás de mi. ¿Te acuerdas cómo me tocaste? Te dije que me dolía, que me apretabas muy fuerte. Me insististe con palabras amables. Cuando me negué de nuevo, me tomaste fuerte del cuello y me diste vuelta.
Me dolió tanto. Tuve que dejarme llevar.
Cuando terminaste, te arrepentiste. Tomé mis cosas y me fui.

Tarde

Hice hasta lo imposible para que no me quebraras anoche. Creo que lo logré. Quizá no tanto, porque estoy escribiendo esto y tú, como siempre, lo estás leyendo.
Lo intentamos y nos arriesgamos tanto. Realmente nos importaban poco las consecuencias. Empujamos hasta que no pudimos más. En realidad, hasta que no pude más. Fue demasiado. Y si quieres culparme, hazlo. Yo tengo claro lo que hice y lo que dije. Hice las cosas lo mejor que pude. Nunca tuve malas intenciones. ¿Cómo las iba a tener? No podría. Si en algún momento quise quedarme contigo toda la vida, quería que estuvieras siempre en mi metro cuadrado. Ese que cuido tanto y que no dejo entrar a nadie. A nadie.
Confieso que aún quiero gritar. Fue dura la caída. Y nunca quise dañarte tanto. En ese tiempo quería encontrar al Robin que conocí hace años atrás. No lo encontré. No puedes decir que no busqué lo suficiente. No me escuchaste cuando tenías que hacerlo y cuando lo hiciste, yo ya tenía mi refugio construido. Ese lugar donde estoy sola, donde estoy bien, tranquila, sin confusiones, donde puedo pasar el tiempo leyendo. 
Hoy no hay nada para hacer. Ya no queremos lo mismo. Ya no somos los mismos. Me quedo tranquila sabiendo que durante esos años logramos una conexión que nadie nunca va a quebrar. Creo que vamos a estar siempre conectados. Aunque ahora no sirva de nada. 

martes, 1 de octubre de 2013

Ninguna palabra


¿Tenías que volver? ¿Para qué aparecer? ¿Por qué?  ¿Por qué me corresponde recibirte cuando a ti se te ocurra? Será porque fui yo la mayor culpable después de todo. Yep. Tu rompiste el mayor de mis sueños, el más grande, pero yo decidí que no me interesaba volver a armarlo.
Me cuesta creerte. Tú no eres como yo, tú construyes sobre rocas y yo sobre nubes... y no sé muy bien el motivo de eso. Y me cuesta creer en tu odio, en tu rencor y en tus malos deseos. Lo sé, porque no eres así y porque no eres como yo. No pretendas que esta no es tu pesadilla.
¿Qué nos pasó? ¿Qué me pasó que quise empujarte hasta donde no podía más? 

sábado, 18 de mayo de 2013

Preguntas


¿Podrían ser las cosas distintas? Sí, podrían. Si fuéramos un poco más valientes quizás estaría ahora enredada en tus sábanas.
Te extraño en mi metro cuadrado. Extraño preguntarme por qué ahora y no ocurrió esto durante los últimos cinco años. ¿Por qué Iris ya no me suena igual? ¿Por qué cada vez que te voy a ver se me acelera tanto el corazón? ¿Por qué cuando me tomas de la mano me cuesta tanto respirar? Ahora sufro un poco cuando escucho de las cosas que haces con alguien más… y me cansa un poco, me roba las ganas de seguir ahí, de esperar tranquila a que te decidas.  ¿Por qué no te dices que ya es suficiente y que, por primera vez, no vas a tener miedo y te vas a atrever?
¿Qué es lo que tengo que hacer? Tal vez debí ponerte más nervioso, besarte más, tocarte más. Debí bailar contigo, debí haberte rasguñado un poco más, escucharte con más atención, leerte mejor, disculparme, aprender de mis errores, y esperar por tus procesos… no que te adaptaras a los míos, ni yo a los tuyos… quizás era sólo esperar a que coincidieran.
Como sea. No estaré aquí siempre. Te extraño. Te quiero.

jueves, 16 de mayo de 2013

Dos pasos


Lo que estás buscando, estuvo a dos pasos de ti. Idiota.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Tanto tanto


Si las cosas se me complican tanto de vez en cuando, soy la única persona a la que hay que culpar.  Y te recuerdo mirando el suelo, con una pequeña sonrisa y, quizás, pensando en lo buenos que éramos cuando estábamos juntos.
Confieso que me gustaría hacerte sentir todas las cosas que me hiciste sentir a mí. Sí, somos dos personas diferentes, pero sería mucho más fácil si estuvieras unos minutos en mis zapatos. Tal vez entenderías que no es malo dejarse llevar por lo que sientes, que tampoco es malo querer sin imponerse límites y que, entregarse honestamente a alguien, no es tan riesgoso como parece.
Quiero entregarte tanto, tengo tanto sentimiento por ti guardado, que me es casi imposible sostenerlo. Cada cierto tiempo se me escapa y me molesta un poco cuando te das cuenta de lo que me pasa.
A pesar de que lo hice, siento un poco de arrepentimiento por no besarte aún más esa noche, por no conquistarte más por… no insistir en que te quedaras.

lunes, 6 de mayo de 2013

Bipolar


Hay días y días. Algunos creo que eres lo mejor que me ha pasado. Hay otros en que quiero cachetearte y decirte que fuiste una de mis peores decisiones. Eres lo mejor y lo peor de mi día. Quererte ha sido una desesperación constante y un desafío. Quererte como lo hago, me regala una sonrisa todos los días. Que me gustes como me gustas logra que no me importe exponerme. Quererte es no saber hacia dónde voy y es morir por abrazarte mientras debates contra ti mismo. Tocarte fue conocerte otra vez. Aprenderte fue tan fácil como decir las palabras de tu canción favorita. Pelear contigo fue darme cuenta que nunca hay una sola respuesta y que nunca parece ser la correcta. Quererte, por lo menos hoy, me robó la respiración.

sábado, 4 de mayo de 2013

She


Quizás no es ella quien se merece mi odio. Quizás eres tú. Quizás ambos ya se lo ganaron. Mientras decido, ella ya se ganó su espacio en el mío.

viernes, 3 de mayo de 2013

De ese amor odioso y honesto

A veces me molesta cuando crees que eres un sabelotodo. A veces quiero empujarte, cachetearte y odiar hasta la última letra que sale de tu boca. Y me repito lo fastidioso que puedes cada cierto tiempo. Y, después de eso, me vuelvo a repetir que no hay nadie como tú, que con una sonrisa sincera puede sacarme el corazón. 
A veces me pregunto por qué no he partido. Me respondo rápido: no tengo donde más ir. No tengo ninguna duda que el lugar más seguro en que he estado, han sido todos los lugares en que me has tomado la mano. Lo admito: nada sería lo mismo si tú no estuvieras aquí.
A veces puedes ser tan idiota, tan orgulloso, tan mañoso... puedes ser tantas cosas molestas que llegas a ser el amor más grande que he conocido en mi vida. 
Te odio y te amo tanto pero tanto, que nadie podría romperme el corazón como tú. Quiero abrazarte tan fuerte, quiero alejarme tanto... que esto no puede ser más que ese amor verdadero... ese que es odioso y honesto.

7 años

Desde muy pequeña me he preguntado qué es lo que quieres y qué es lo que esperas de mi. Siempre he creído que cada vez que vuelves es para ver cómo estoy, si he crecido lo suficiente. Cada vez que te vas es una gotita de esperanza que me queda... sé que, tarde o temprano, me sonreirás y me robarás un beso. 
¿Y por mientras? ¿qué es lo que soy? No quiero ser la reserva, la que llena tus silencios, la que esperas que esté lista para ti o la que puedes besar cuando tu quieras.
Ya han pasado 7 años y tu plan sigue resultando.

jueves, 2 de mayo de 2013

Víctima


Había escrito algo. Lo borré. No fuiste tú el culpable de ese primer beso. No, fuimos los dos. Lo respondí y te seguí besando por varios días más. Todavía no me explico cómo me robaste tan pronto el corazón. ¿Cómo? Ni idea lo que me conquistó de ti.
Conozco tu peor parte, sé de tus mentiras, de tu egoísmo, de tu inseguridad, de tu baja autoestima, de tu depresión casi crónica, de tu incapacidad (incapacidad que tu inventaste) de entregarte a alguien sin repensarlo. Sé de tus adicciones, de tus grandes errores y de tus miedos. ¿No tengo puntos extras por eso? Creo que te conozco muchísimo, incluso más de lo que sabes, y aún así quise mantenerme contigo.
Y por más que quise no soltar tu mano, tu cabeza insistió en que yo quería a otra persona.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Lo más sano


Cada cierto tiempo me pregunto qué es lo que está haciendo, si pensará en mí, si hay algo que nunca me enteré. Hay veces que pienso que es mejor no preguntarme por sus motivos… el porqué se fue y por qué nunca más volvió. Y me llega una pequeña angustia que me hace desear nunca haberme involucrado con él. Me conozco... soy demasiado enamoradiza incluso cuando sé que no llegaríamos a ninguna parte. Aún no sé controlarme. 
Las cosas serían tan distintas hoy.
Hay días en que quiero sorprenderlo y abrazarlo. Tengo días los cuales quiero empujarlo y recriminarle millones de cosas. Hay otros en que pienso que es sólo perder el tiempo. Así mi corazón me engaña un par de veces al día y me hace imaginar que a él le importo un poco más de lo que demuestra.

miércoles, 17 de abril de 2013

Carta para ti en 30 días más


Me agoté. Fue como degradarme muy de a poco. Perdí mis colores, mis palabras inventadas y mis zapatos. Los perdí y no sé dónde buscarlos. No he sabido nada de ti desde ese día cuando pensaste que obligarme a jugármela por ti, mientras esperabas sentado, era buena idea. No era una buena idea y te lo hice saber. Las relaciones siempre se han construido de a dos. Asumo que lo olvidaste.
La diferencia entre nosotros es que yo suelo tomarle menos peso a las cosas, ¿peleas? ¿Falta de tiempo? Esas cosas pasan, uno, como pareja, se debe adaptar a los cambios y trabajar con las cosas que tiene. Asumo que no lo entiendes como yo.
Me culpaste por varias cosas, pero ¿recuerdas todas tus negativas? ¿Recuerdas cuando te pedía que habláramos de nosotros y nunca querías? ¿Correspondía sólo sentarte a esperar? No. Y te lo adviertieron: si te dejabas estar, esto no iba a seguir. Y así fue. Asumo que de eso te puedo culpar.
Ese día bajé la guardia, derrumbe todo mis muros y tu sólo te alteraste. Me dijiste que estabas cansado de mi, que la relación que teníamos no era lo que tu buscabas… me rompiste tanto el corazón. ¿Qué pasó con los planes que hicimos para los dos? ¿Qué pasó contigo diciéndome que era el mundo que nos juntaba? ¿Que por qué estoy intranquila? Porque independiente de lo que te dijera, mostrara o escribiera, no había ningún espacio para mí… sólo para ti y tus no ganas de resolverlo.
Y si realmente eso de los finales felices existiera, estarías golpeando mi puerta con las flores que nunca me volviste a regalar y yo te abrazaría hasta quitarte un poco el aire.

Era


Teníamos un record. Nadie se quería más que nosotros.

Suposiciones


Revisando las cosas que he escrito de ti durante todos estos años, me encuentro con algunas que no creo que vayas a querer leer. Son demasiadas y un poco duras.
Nos es algo que tengo resuelto, pero tengo un mayor control de mí y de mis emociones. Por esto me atrevo a decir lo siguiente:
Me gusta coquetearte y no enrollarme. Me gusta decir poco y esconder más. Creo que te intriga. Me gusta reírme de ti y contigo de mí. Confieso que a veces pienso en qué pasaría si algún día nos damos una oportunidad, ¿me cansaría de ti? ¿Me quejaría de lo latero que puedes ser? ¿Aguantarías mis mil obsesiones? ¿Lo sagrado de mi metro cuadrado? ¿Mi honestidad sin filtro? Como sea, no nos vamos a enterar nunca. Aunque si seguimos suponiendo… creo que sería un poco cansador, pero de todas maneras sería de esas relaciones de las buenas, de risas excesivas, de discusiones por quién tiene razón, de confianza desmedida, de calenturas 24/7, de mañanas flojas y de tardes ñoñas. ¿Será? No, pero me puso un poco ansiosa pensarlo.

Nuestro



Me cuesta cerrar ciclos, lo confieso. Me cuesta olvidar, pero ya pasó tiempo suficiente y es de esta forma como suelo despedirme. Asumo que ya lo hiciste.
Audífonos otra vez. Ahí voy.
Y nos juzgaron como si supieran lo que pasaba entre nosotros. Nos miraron, cuestionaron, pero mi decisión fue clara y de una palabra: tú. Y aunque no puedes estar más lejos de mí, me quedo con la sensación de tranquilidad que lo intenté, me quedo con las hojas secas que rompiste, con la honestidad de esos días.
El pasado de cada uno terminó por alcanzarnos y las dudas pudieron más, ¿podíamos haberlo cambiado? Quizás sí… ¿o no? No creo que nos enteremos.
Y aunque me llovieron los te dije y los “fuiste una más”, apenas te recuerdo, se dibuja una sonrisa en mi cara… porque adoré las manchas de tu piel, tus manos desproporcionadas, tus temblores, tu escondida ternura, tu pelo imposible de tirar, tus labios fáciles de morder, las complicaciones innecesarias, tus silencios… tus silencios. Estúpidos silencios.
En el momento, cualquier advertencia fue ignorada, porque me conquistaste con una facilidad impensable para alguien tan orgullosa como yo. Nada me importó, nada... porque eras mío.
Nuestras expectativas fueron altas, el camino más que difícil, pero ese tiempo y amor, sólo fue nuestro. 

Estorbo



Hay tantas cosas que me recuerdan a ti. Algunas me gustan, otras me estorban, pero están aún. Ahí y aquí. Desvaneciéndose. Y no te culpo. Quizás un poco. Yo quería seguir. Fuiste el primero en correr, ¿te acuerdas que apostamos? ¿Podía hacer algo más? Quizás. ¿Podías haber sido más valiente? Obvio que sí.
Y me fue difícil. Fue algo que me dolió por bastante tiempo. Y la mejor forma para irme fue recordarte aún más. Repasé el primer beso, mi posterior llanto, los días siguientes, los juegos, los “fuck, I’m horney”, el suelo de tu pieza, el terror que sentíamos al pensar en la posibilidad que el otro se fuera, Turning pages…
Me encantaba tanto conocerte tanto, me encantaba organizar días perfectos…
Y no dudo que volviste a tus rutinas y que fui un intento fallido de autoconvencimiento de que podías ser alguien más, qunque me gustabas por como fuiste siempre.
Dudo un poco que me hayas extrañado y que te hayas arrepentido. No he sabido más de ti. Me enganché tanto y todo pareció ir derecho a algo más grande, algo que pudo ser, algo que no fue, algo que rompiste y que ni intenté arreglar… quizás debí hacerlo.

lunes, 28 de enero de 2013

¿?


¿Cuándo te volveré a ver? ¿Te volveré a ver? ¿Qué pasa ahora? Te fuiste y yo me quedé con un corazón roto en pedacitos tan pequeños que no creo que pueda juntarlos nunca. Obvio que alguno se perdió entre las imperfecciones del suelo. 
Merecía mucho más, ¿sabías? Mucho más que esa despedida que me diste. No pude mirarte a los ojos, no pude tomar tu mano por última vez. No tuve mi último beso como para recordar siempre tu sabor. ¿Por qué privarme de eso? No tuve la oportunidad de retener tu olor en mi memoria, ni repasar las líneas de tu cara, ni tus arrugas alrededor de tus ojos, ni apoyarme en tus brazos. ¿Para qué? 
Sé que puedo ser dura, irónica, fría, pero ¿es eso suficiente? Puedo tener una amargura muy escondida, puedo ser orgullosa... ¿Por qué irte sin darme una última palabra? Tomaste mis manos tantas veces y me llevaste a mi casa cuando no podía llegar sola. ¿Por qué me besaste tanto? No entiendo para qué secar tantas veces mis lágrimas si de todas maneras dejaste miles de ellas.
Hasta ahora he funcionado guardando en un sobre hojas de colores por cada vez que te he echado de menos. Me ayuda a darme cuenta cuánto me falta para olvidarte. ¿Quieres hacer tu lo mismo?

martes, 22 de enero de 2013

Refugio

Hoy lloré por ti. Algún refugio habrá. Y me angustia un poco lo desesperados que estamos por congeniar. 

lunes, 21 de enero de 2013

Broken

Creo que independiente de lo que haga, decida lo que decida, alguien saldrá con el corazón roto. Y, claro, sería mucho más fácil si fuera capaz de despegarme de los corazones enamorados, pero no puedo. Me importan, me gusta cuidarlos y compartirlos con el mío. Me rompe un poco el corazón, hacerle daño a otro. Trato tanto de ser cuidadosa que no me doy cuenta que llevo las cosas al extremo y, de todas maneras, termino poniendo banditas. 
¿Qué hago? 
Sería tan distinto si las cosas me importaran un poco menos y fuera menos enamoradiza... si al despertar por las mañanas tuviera a alguien sosteniendo el mío con tanta seguridad que no me alcanzara el espacio para tener tantas dudas. Y cada cierto tiempo me cuesta respirar. Y lo recuerdo. A él. A ese corazón fiel y encantador que aún quiere levantar el mío, que quiere recogerlo del suelo y guardarlo, una vez más, en mi pecho para que esté a salvo. ¿No se aburre? Me ha salvado ya tantas veces que no sé porqué lo sigue haciendo.
Sin embargo, durante las noches, aparece ese corazón inseguro, juguetón, nuevo, pero con demasiadas heridas y un poco manchado, pero que, si quisiera, aprovecharía esa posibilidad para robarme el mío y no devolvérmelo nunca. Nunca. No puedo no querer cuidarlo, no querer levantarlo y mantenerlo ahí... no puedo no intentar hacerle entender que está bien tener un sólo corazón, que sea sano y que comparta sólo con una persona más.
Por mientras, pensaré en el mío. Me sentaré en el suelo y lo veré ahí, desparramado, mientras decido lo que quiero hacer con él.

lunes, 14 de enero de 2013

19:13

Aweoná. Te pasa por dejarte llevar.

viernes, 11 de enero de 2013

Aquí voy

De alguna manera tengo que matar el tiempo, ¿no? Hace tanto que no estaba tan enferma. Igual pude haberlo evitado. Caminaba por la avenida Holanda y un tirón en mi rodilla derecha me recordó que no puedo caminar tanto. La ignoré. ¿Y por qué no lo debí hacer? Hace varios meses que no he tenido problemas: he bailado, subido cerros, he corrido... ¿y por qué ahora? Enfermedad de mierda que viene cuando quiere.
Y ahora, acostada mirando el techo y sin poder moverme, quiero hacer tantas cosas. Simples, obvio. Quiero bajar la escalera y servirme un vaso de agua, quiero levantarme y poner música en mi computador, quiero leer sin que me duelan las manos por sostener el libro.
Me cansa, me cansa tanto.Van dos años y medio en que no he dejado de sentir dolor... nunca. Y por más que intento acordarme cómo era antes, no puedo. Quizás es mejor así. No añoro algo que no tendré. 
...
Hace tanto tiempo que no lloraba de dolor.

jueves, 10 de enero de 2013

Detalles

Quiero decirte muchas cosas. Quiero dispersar tus inseguridades. Quiero susurrarte al oído que no pretendo irme a ninguna parte. Ahí voy. Dame un segundo.
Suspiro y me pongo los audífonos. Escucho un playlist que no para de crecer con canciones que me recuerdan a ti... y con canciones que te recuerdan a mi.
Ahora sí.
Que me veía pésimo, te dije. Me miraste, me arreglaste el pelo detrás de mi oreja y me respondiste: “te ves hogareña… te ves bien”. Miré hacia abajo y sonreí. Fue nuestra primera noche. Él nunca me dijo algo parecido en todos esos años y tu lo hiciste luego del primer beso. A él sólo yo le gustaba con el pelo suelto y peinado.
Y son millones de detalles así: tu mano cuando me bajo de la micro, tu brazo en mi cintura cuando algo no te parece bien, la forma en que me sostienes cuando te gusta un beso, cuando de manera inconsciente tomas de mi mano tan fuerte, cuando rompes hojas secas cuando te sientes nervioso, la paciencia que me tienes… el esfuerzo que noto que haces todos los días para hacer que esto, este tu y yo, funcione. No sabes lo bien que se siente todo eso, pero yo sí. Son estos y más detalles los que valoro y hacen que mi corazón se acelere cuando sé que estás por llegar. Son detalles que voy ordenando en mi cabeza y que, a medida que aumentan, ellos mismos van grabando tu imagen en mi piel. Y me encanta que así sea.
He pasado los últimos años de mi vida caminando en el camino seguro, con hombres que me decían dónde ir y cuáles iban a ser todas las dificultades para avanzar. ¿Qué me dices tu? Que no puedes prometerme nada, que no sabes que puede pasar contigo, que tienes miedo de ti… Sí, es cierto, estoy en un constante estado de cuestionamiento y de sospecha, pero cada vez que te veo, cada vez que estoy cerca de ti, me dan unas ganas inexplicables de enseñarte a caminar por el camino seguro, de mostrarte que es mucho mejor por los que has andado. Quiero decirte por dónde podríamos ir. No te diré las dificultades. Tampoco me digas cuáles son. Con que tengas las mismas ganas de tomar mi mano, estoy tranquila.

sábado, 5 de enero de 2013

Gravedad


Hay algo que siempre te trae a mi memoria cada cierto tiempo. Vuelvo a sentirme como ese día en que decidí irme y se me aprieta el corazón, me empiezan a sudar las manos y mi garganta se asusta.
Me apretaste con tanta fuerza la espalda, rasguñaste tan fuerte mis muñecas que me obligaste a suplicar que me sacaras las cadenas, las tuyas, las que pusiste tan bien… si supieras que aún me duelen los tobillos.
Fueron tantos insultos en mi oído… tanto te gritaba que me dejaras tranquila, que ya no más, que no me empujaras, que no, que me cansaba tu gravedad en mis rodillas. Aún no puedo más.
Quise y busqué tanto ahogarme en tu aparente ternura y en tu fingida sonrisa. Tanto lo busqué que terminaste asfixiándome con tu mano en mi boca. Olvidé contar todas las veces que no me dejaste respirar.
Libérame. Déjame ser. Déjame reír. ¿Cómo es que dejaste tantas marcas? No quiero seguir viviendo bajo tu pulgar, no quiero más que estés aquí, no te quiero en mis recuerdos, ni golpeando cosas, ni obligándome a hacerlo cuando no quiero. No te quiero en mis sábanas, ni en mis pesadillas, ni en mis letras.
Pero estás aquí, en mí y en todas partes.