lunes, 12 de noviembre de 2012

María Mercedes

Que Dios te bendiga y que los angelitos te acompañen, Meche.
Que Dios te bendiga y que los angelitos te acompañen. Eso me decía mi abueli todas las mañanas cuando salía de mi casa. Me acercaba, le daba un beso en la frente y le tomaba la mano. Mientras se alejaba, ella seguía bendiciéndome... podía seguir haciéndolo hasta que yo llegara al paradero de micro... "que Dios te acompañe", "que la Virgen te cuide", "que llegues sin novedad". Ojalá que para ti, bueli, sea de la misma manera. Aunque no duda que estás al lado de Dios y que María ya está contigo.
Sepan todas las personas que están acá acompañando a mi familia y a mi, que María Mercedes Contreras fue una mujer sin límites. sin límites para atender, para escuchar, para rezar, pero por sobre todo para amar. Amó a cada persona que se cruzó en su camino y se preocupó siempre, sin excepción, por cada uno de nosotros hasta en los más mínimos detalles.
En cada momento de mi vida, mi Meche demostró su amor: en situaciones tan cotidianas como bañarnos a mis hermanas y a mi en vinagre con sal para que nos pasaran las picazones de mosquitos cuando pasábamos los inviernos en Concepción. O la eterna paciencia con mi tío Marcelo que es mundialmente conocido por ser corto de genio o con mi mamá y lo llevada que es a sus ideas.
Cuando tenía unos 8 años, con mis hermanas pasábamos las vacaciones acá y una día me vestí con unas calzas muy apretadas. Mi abueli me miró y me dijo que yo no debiera usar esas calzas, que mostraba todo y que no debiera ser así. Que una mujer debe ir enseñando de a poco y ser, así, una caja de sorpresas. Ese es el consejo que he recordado toda mi vida. 
Quiero que la recordemos, a mi abueli, por su ternura, por sus sonrisa, por su Pascual y por su fortaleza. Por ser un verdadero ejemplo de mujer, por su esperanza, por sus cantos y por su amor a Dios. Quiero que a penas pensemos en ella recordemos sus labios rojos, su sin fin de sobrenombres cariñosos... en fin.
Mechita, gracias por ser la abueli más cariñosa, por darme tantas historias para contar y por sobre todo, por acercarme a Dios. Corre libre bueli. Ahora sí corre libre.
Te amo y te extañaré siempre.
Tu lucesita, tus labios rojos, tu nieta.
Francisca.