viernes, 20 de abril de 2012

Labarca

Es muy tarde. Aún trabajo. Esta vez para un proyecto personal. Proyecto Labarca. 
Es más que tarde. Sigo escribiendo. Me vuelvo a preguntar porque sigo en esto. Levanto los brazos y me duelen como hace mucho, mis rodillas me tiran y mis caderas se quejan. Mis manos y mi mandíbula tiemblan involuntariamente por los medicamentos. 
Es suficiente. Mi cuerpo me recordó una vez porque estoy en esto. Para poner mi granito de arena y que ninguna mujer pase por lo que pasé, estoy pasando y voy a seguir pasando hasta Dios sabe cuándo.

martes, 10 de abril de 2012

Yo


No sé. Probablemente soy yo. Lo más seguro es que sea yo. 
Me cambia el ánimo. Parto desde una añoranza irracional que me hace latir el corazón más rápido y  termino seria, con los labios apretados esperando algo que me lleve a los mejores días de invierno, esperando a que todo vuelva a ser como antes.
No me di cuenta cuando las cosas se volvieron grises. Es que no pareces de la forma en que te conocí. ¿Y cómo era? Asumo que te preguntas. Eras mi hombre de todos colores, un hombre lleno de palabras y de risas cómplices. Eras un hombre con ganas de no perderte en el paisaje.
Aún soy así, te escucho. ¿Cómo explicas esto, entonces? ¿Lo invente? Va más allá de todo lo que hemos conversado, va más lejos que las rutinas y llega aún más lejos de lo que piensas. ¿Cómo explicarte? La foto grande es la misma, pero la luz de los objetos la he ido modificando. No encuentro cómo hacerte entender la dulzura que extraño y la que me hace falta. Era eterna, no a ratos.
No sé cómo explicarte que no tiene que ver directamente con el tiempo conmigo o con tus ocupaciones. Se relaciona contigo, en la forma en que hablas y en la manera en que actúas cuando te ocupas. Extraño tu eterna sonrisa, tu buen humor ante todo, en tus espacios para ti, para nada y para mi. Obvio que no pude evitar cuestionarme si era yo la provocante de todo. Probablemente lo soy. A estas alturas, es evidente que lo soy.
No sé cómo hablarte más claro. Si ya con esto no nos entendemos, no tengo más recursos y me tocaría olvidarme de insistir en buscarte, en buscar en algún lugar al hombre al que le escribo ahora.

viernes, 6 de abril de 2012

Fin


Miré tu espalda llena de lunares y no me abrumé con la idea de contarlos.
Miré directo a tus ojos y no quise saber cuál es su color.
Te abracé mientras dormías y no me pregunté si estabas soñando conmigo.
Te sorprendí sorprendido y no me pregunté el porqué.

Capricho


Tengo tantas flores en mi pieza, tengo tantas palabras para susurrarte al oído… tengo tantos dolores para intercambiar por sonrisas. Tengo tantas historias, tengo tanto pero tanto que a veces no me siento capaz de entregarlo. Las manos no me alcanzan… y lo que me alcanza no me es suficiente para lo que quiero.
Mi amor. Mi príncipe. Mi corazón. Mi quijote. Mi cronopios. Mi Mr. Darcy. Mi Velázquez. Mi Noah. Mi Orlando furioso. Mi John Smith. Mi cuaderno favorito. Mi lápiz regalón.
Desde hoy tengo un capricho. Quiero juntar las palabras más bellas, quiero hacer que ellas se tomen de las manos y que se ordenen según cómo se sientan. Quiero escribir, quiero amarrar todo lo que me has liberado con palabras. Quiero escoger las mejor palabras para escribirte lo más hermoso del mundo.
Esas palabras que te liberan para seguir escribiendo. Quiero escoger lo mejor para moverte. Quiero encapricharte, quiero encapricharme. 

No debí




No sé qué hay en mi inconsciente, no sé qué es lo que me hace tan vulnerable. A diferencia tuya, yo no me cuestiono. No creo que sea importante y con eso me basta. Basta con haber aprendido que no siempre la suma de uno más uno es dos. En esa ocasión, la suma siempre me dio uno. Con eso me sobra para saber que no tiene ningún sentido entenderlo. Sólo quiero dejarlo ir.

1, 2, 3 por ti.


Te encontré. Disculpa. Es que a veces estoy demasiado ensimismada como para darme cuenta de que te estabas escondiendo.
Me dijiste cómo encontrarte y ahora que lo pienso, siempre lo has hecho. Siempre me has contado cómo debo seguir tus pasos y cómo debo entender lo que sientes. Y a pesar de eso, hay ocasiones que aún me cuesta saber (o más bien entender) cómo debo encontrarte, cómo debo seguir tus movimientos.
Como sea. Ya lo hice. Y te encontré durmiendo con tu brazo alrededor de mi cintura y con ganas de soñar que me besas. Te encontré suplicando en silencio que abriera un poco más los ojos y que me diera cuenta de cómo ahora las letras también se amontonan en tu cabeza y gritan con ganas por querer salir.
Te encontré riendo. Te encontré con azúcar en los labios y un poco preocupado. Te encontré mientras pensabas en cómo lograr derribar mis muros. Te encontré tan perdido entre los detalles…
¿Cómo es que hiciste todo esto? ¿Cómo es que te escapaste tanto de mis manos que volviste mi juego en contra de mí?
Ese es un motivo más de porqué te amo infinito.

Comienzo

Estoy por comenzar a seguir tu letras, mis pensamientos se amontonan y mi curiosidad comienza a empujarme. 
Ahora comienzo.