Dejé a tus ojos café, luego de perderme viéndome partir. No me pude quedar. Debí saberlo… hace mucho que no veía mi reflejo ahí.
Dios… y cómo nos dejamos ir, tantas palabras cruzadas y desarmadas. ¿Tenía que ser así? ¿No podías mostrar de otra forma que no eras para mí? Fuiste todo y tanto… y me siento aún con mis heridas abiertas, aún me veo acurrucada en mi cama gritando lágrimas en silencio con mis manos en mis oídos. No más, no más, no puedo más, me decía.
En tus ojos me sentía tan sola.
Tus ojos café nunca me mantuvieron sobria y nunca limpiaron de mis nudillos las heridas.
Esta será, espero, la última muestra y el último punto. Todo pudo ser verdaderamente todo, pero me despedí a empujones y a llantos y, en todo caso, no me sorprende que tus ojos me hayan hecho perder tanto la razón. Sabía que estaba equivocada. Sabía que estaba mal.