Te escribo esta carta desde el otro lado de la vereda, desde un lugar muy guardado y muy escondido dentro de mi. Estuvo entre muchas jaulas, herido y sin vendas. Aquí una hoja al borde, donde tiro casi al azar las letras que se ordenan según el inconsciente que las creó. Aquí está lo que dijo el lado más pesado y denso de mi, casi en los límites.
No sé porqué será que de vez en cuando siento una angustia agridulce, pero quiero agradecerte por traerme devuelta y no soltar nunca mi mano, aunque haya intentado zafarme muchas veces. Agradecerte por mostrarme dónde estaba mi hogar y por fijarte en la forma de cada una de mis lágrimas. Por fin me di cuenta dónde pertenezco y me quedaré ahí hasta que se escape mi último aliento.
