sábado, 22 de octubre de 2011

Entendí

Me callé porque era mucho más cómodo engañarme.

martes, 18 de octubre de 2011

Gift card

No me imagino qué podría pasar para que no estemos juntos... ¿es eso posible, en todo caso? Creo que alguien en algún momento nos puso un imán en las manos: cada vez que nos acercamos, terminamos más que juntos. 
Me pesan tanto los ojos, me siento tan cansada y tan adolorida. Arrastro los pies, mis nudillos se aprietan y se me caen de vez en cuando unas lágrimas sin que yo me de cuenta. Realmente no sé cómo lo haces, pero es como si abrieras mi pecho y buscaras en mi corazón todo el dolor que tengo, que he causado y me han causado y lo soplaras muy fuerte para que se lo lleve el viento. Bastan sólo dos de tus palabras para que eso suceda.
Ay, hemos pasado por tanto y tengo tantas ganas de atar tus zapatos y mirarte caminar. Tantas cosas que hemos compartido, tantas palabras... ¿sabes? me hacen faltas las tuyas, ¿me las regalarías de nuevo?

viernes, 7 de octubre de 2011

Solo

Un día de estos voy a morir de dolor... de cualquiera. Ay.

domingo, 2 de octubre de 2011

Moscas en la casa

Canción que sigue sonando tan fuerte en mi corazón.

Help!

Iba camino a mi casa en la micro 403. Sí, andaba un poco mal genio. El calor y una micro llena nunca han sido buena combinación. En todo caso, iba sentada y todo lo podía resolver Crimen y Castigo. 
En Vicuña Mackenna, se subió un hombre, de unos 25 años, según yo. Llevaba una guitarra en la mano. Era de pelo corto, vestía una ceñida polera blanca, jeans gastados y una cadenita en el cuello. No quiero sonar mañosa, pero me molesta cuando se suben a cantar a las micros cuando yo quiero (o necesito) leer. Me desconcentra.
Comenzó a cantar: "Help! I need somebody. Help! Not just anybody. Help! you know I need someone, help!" Se me fue todo el mar humor. Me encantan los Beatles. Comencé a cantar con él. Cerraba los ojos durante las estrofas y yo miraba por la ventana las calles pasar. Cantó Michelle y, como si supiera qué canción de los Beatles me gustaba, Yesterday. Luego, pasó pidiendo la cooperación y le di mis dos últimas monedas de mi billetera. Noté que miró con detención el color azul de mis uñas, levantó la vista, me miró a los ojos y me dio las gracias. 
La próxima parada de la 403 era la mía. Plaza Ñuñoa. Él se bajó conmigo. Comencé a caminar rápido y él me detuvo:
- Oye - no lo escuché - ¡Oye!
Me di vuelta
- Se te cayó esto - me dijo teniendo su brazo para devolverme el chaleco que había dejado caer.
- ¡Qué pava soy!, muchas gracias - le dije sonriendo.
- De nada - me contestó devolviéndome la sonrisa y diciéndome su nombre.
- Javier, muchas gracias entonces.

sábado, 1 de octubre de 2011

El de la guitarra

Fue casi como caído del cielo. Me incomodó tanto. Demasiado. Me enojé. Le dije que me dejara de seguir. Y a pesar de todo él nunca me dejó de sonreír. Por tanta molestia que me causó ahora no se va de mi cabeza. Estúpido él y estúpida su guitarra.