Había despertado recién. Me quedé dormida después de tanto llorar. Debo confesar que tuve muy poco control sobre mí. Me levanté de la cama y me asomé por la ventana. El sol me llegó fuerte a los ojos. Tomé del vaso de agua que estaba en mi velador, abrí la ventana y respiré hondo.
Era tarde. Tarde para arrepentirme o para seguir pensando. Era tarde para mí, era tarde para ti y para nosotros. ¿Me quedó algo por hacer?, me pregunté. Lo pensé bien y me respondí que no. Todo lo había intentado. Seguir buscando salidas por las calles alternativas no ayudaron y menos tratar de hallarte por las avenidas. ¿Tenía algún otro escape? No, sólo imaginarme un beso de despedida e intentar mantenerme sobre mis pies quebrados ya tantas veces. Comencé a escuchar muchos ruidos. Voces, gritos y susurros. Me desordené. Me desorienté y me olvidé. Luego silencio. Me sentí caer.
Seguí mirando por ventana. Dejé el vaso en mi velador y caminé hasta mi librero. Saqué Orgullo y Prejuicio y me senté a aprender. Quizás tu debieras hacer lo mismo. Tus respuestas estarán en la última página.