sábado, 20 de noviembre de 2010

Outside 2

Sus pasos retumbaron fuerte. En sus manos tenía una caja de cartón. Caminó rápido y fuerte por el pasillo del departamento en dirección a la pieza.
Él estaba sentado en la orilla de la cama no entiendendo absolutamente nada de lo que estaba pasando, cuando ella llegó a la pieza tirándole la caja con fuerza. Él se levantó pidiendo explicaciones y de respuesta consiguió solo gritos y malas palabras. Comenzó a guardar sus cosas.
Ella salió de la habitación, caminó al mismo ritmo hasta el comedor, tomó el teléfono y pidió un radio taxi... de urgencia. Al mismo tiempo, él seguía guardando sus cosas más importantes, luego, otro día, mandaría a alguien a retirar el resto.
Ella volvió a la habitación. Muy de pie en el umbral de la puerta lo miraba cómo guardaba sus cosas. No parecía que tuviera pena.
Él intentaba hacer caber lo que más podía y de vez en cuando ella interrumpía reclamando que lo que estaba tomando era suyo y lo trataba de idiota.
Había llegado el taxi. Ella lo acompañó a la entrada del departamento, escuchó un par de cosas que él quería decir, ladeó la cabeza y le cerró la puerta en la cara.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Inside


No parece ser mentira: cada decisión que tomo termina siendo otro error. Es que no entiendo. Me duele y mucho. Te quiero cerca. Sabes cómo hacer que quiera. Aún no puedo mostrar que perdí el control... pero estoy por caer. Puedes hacer lo que tú quieras. Es que eres el que me haces peor, el que sabe cómo quebrarme, el que sólo me da problemas y lágrimas. Eres de esas personas que busco alejarme. Ahí el problema: no quiero y si quisiera, no podría. No sé hacer nada sin ti.
Me duele hasta el alma porque no puedo dejarte ir, porque no tengo ni pies ni cabeza, porque me da pánico no poder alejarme nunca. Parece que esta pesadilla no termina aunque grite, llore y sangre pidiendo ayuda. Sobra que sonrías y una vez más me recuerdo que no puedo (y no soy capaz) de odiarte. Sólo puedo amarte. Es en serio, eres artificialmente dulce.