jueves, 9 de agosto de 2007

Sólo quería revisar


Voy bien. Siento mis manos y las yemas de mis dedos sobre una superficie áspera. Sé que respiro, que mi corazón late y por lo tanto, que aún no estoy muerta. ¡Brillante! Siento mis piernas, pero no las muevo. Creo que no puedo, no lo sé... me da la sensación que me las están aplastando. ¡Negativo! No puedo mover los dedos del pie, ¿Y si los obligo?No, no reaccionan. Ya no estoy segura si los siento ¿Por qué tanto ruido? ¿Para qué los gritos? Si sólo quiero revisar.

Suspiro. Mis pulmones están bien, creo, no, lo sé. Me pesa la cadera; como todos los días. Aprieto los dientes y reviso con mi lengua si están completos. Hace mucho frío y mi nariz y mis manos se congelan, lo extraño es que siento sudor en mi cabeza. ¿Es mucho pedir un poco de silencio?. Todavía quiero revisar.

No quiero que me levanten, nunca me había sentido tan cómoda, mi cuerpo calza perfectamente con esta superficie. ¿Quién? No aprieten mis manos que duelen y no quiero (¿Y si no puedo?) abrir los ojos. Insisto... por favor no me levanten, sé que dolerá mucho y todavía no termino de revisar. Tengo más frío, supongo que el dolor de las manos será por eso. Lo extraño es que aún estoy sudando, mi cabeza está mojada y me está dando rabia; el ruido, no me muevan, autos y yo sólo quiero terminar de revisar.

Suspiro de nuevo. Espero que sea la última vez estando aquí, me está empezando a doler. ¿Cómo? ¿Quién no lo logró? ¿Qué no logró? ¿Cómo lo voy a conocer si aún no he abierto los ojos?... No, espera... sí sé quién es. Viene conmigo. No me levanten, no me muevan, que quiero intentar abrir los ojos para verlo. Si solo... ya no, me levantaron. Ya lo sé... no sudo, sangro. Adiós amor. Lo siento, esta ves si fue mi culpa.



¿Y el ruido? no escucho, no hay personas, no hay autos y no terminé de revisar ¿Respiro? Aún sí. ¿Abro los ojos?. Me debo ver demasiado torpe en esta cama, con tantas agujas, tan fea, tan... ¿Y si reviso? ¡Estúpido! No estoy muerta, solo un poco maltratada. No, espera ¿Dónde está? No entiendo, Si hace tres horas estaba conmigo. Quiero mi casa ¡Oye! ¿Dónde vas?, quiero despedirme. ¿Me llevarías? Que insistente, si no me escucha ¡No cierres las cortinas! Me gusta ver el amanecer. Gracias por sacarme las agujas, pero... ¿Por qué me tapas? Sabes que no podré sacarme las sábanas, no puedo moverme. Imbécil, mejor para mi. Has todos los arreglos que quieras. Ahora terminaré de revisar.

sábado, 30 de junio de 2007

Melonoche N°-5

Instrucciones: Favor escuche mientras lea
Elvis Presley - Love me tender.

Ya le pesaban los ojos. Le dolía la espalda y los pies, y hace casi dos meses que estaba resfriado. Caminaba por el pasillo de su casa. Comenzaba en su pieza que tenía dos grandes ventanales, seguía el pasillo de cuatro metros de largo que, a él, se le hacia eterno. En el medio, un traga-luz lo reconfortaba en el casi martirio de caminar tanto. El pasillo terminaba en el living. Parecía que el parquet con olor a eucalipto era más frío allí, siempre le había dado esa sensación... desde que llegó a esa casa. Cruzó el pasillo y llegó al living. La vio sentada en el medio del sillón verde oscuro que habían comprado al casarse... hace 45 años. La amaba, era cierto que él era muy pragmático, pero la esencia de ella lo había convencido de que el amor era más que un hormona; a pesar de los años aún sentía mariposas en el estómago, todavía se ponía nervioso cuando su mujer (su niña) se acercaba. Estaban solos, pero sabían que con la presencia del otro era más que suficiente.

Ella estaba sentada en el sillón de su casa con su libro favorito entre las manos (de Julio Cortázar, claro). Hace rato que lo escuchaba caminar por el pasillo. Aprovechó la lentitud de su Benja para dejar el libro sobre sus piernas, para arreglarse el pelo... se apretaba las mejillas para verse mejor... los años sí le habían pasado la cuenta.
Cuando llegó, le sonrío y sí.. hermosa, como siempre, pensó. Sabía que se había arreglado para él. No hizo comentarios. La miró, se acercó y con nerviosismo: oye, te amo, le dijo.

jueves, 31 de mayo de 2007

Raindrops keep falling on my head


¿Sabes? Que bien me sentí hoy cuando desperté y estaba lloviendo... de alguna manera lo necesitaba.

¿Sabes? Durante la mañana dejó de llover, salió el sol de invierno y salté sobre las pozas de agua... como si nunca las hubiese visto.

En la tarde, cuando salí de la sala, el cielo tenía un color especial... tenía que estar sola.

Caminaba hacia mi casa, mirando la alfombra de hojas amarillas en Juan Enrique Concha... comenzaron a caer pequeñísimas gotitas de agua y sonreí por el sonido que hacen al chocar con el suelo. Trataba de no pisar las hojas secas... se interrumpiría el concierto de pequeñas explosiones. Seguía avanzando, cantaba Raindrops keep falling on my head, la lluvia era más fuerte, yo saltaba y trataba de mantener el olor a frío en mi nariz. ¡Luz! (¿y qué si lo grité? estaba demasiado feliz como para esconderlo), conté: uno... dos... tres... cuatro... cinco, ¡¡cinco!! y fueron cinco kilómetros. Raindrops keep falling on my head and just like the guy whose feet are too big for his bed... nothin' seems to fit (saltaba). ¡Luz! conté de nuevo: uno, dos, tres... (!!!) ¡¡Tres!! y fueron tres kilómetros... el suelo retumbó por el trueno. No sólo tenía que ser lluvia y relámpagos y truenos, también viento ¡sí!... más feliz estaba por lo hermoso de la escena, aunque el último elemento incorporado me jugó una mala pasada con mi falda.

Caminaba hacia mi casa, robé una hoja roja a un árbol. Llegué a Galicia: llovía muy fuerte, mis manos y las rodillas me dolían mucho, hacía frío... ¿Qué importa? si yo era feliz con todo eso y mi hoja roja en la mano. Llegué a mi casa, subí las escaleras y mis hermanas miraban por la ventana (me acordé de "Aplastamiendo de las Gotas" de Julio Cortázar) . ¡Luz! uno, dos, tres, cuatro, cinco... ¡cinco!. ¡¡Granizos!!... y el pasto se tiñó sólo un poco de blanco. Volví a salir de mi casa.

Me bajé del auto, no llovía, era de noche, y ya no estaban los granizos... y el frío me re-cordaba lo que había pasado en la tarde. Miré el cielo... luna llena compensando la ausencia de lluvia y el olor a estufa de parafina.

domingo, 13 de mayo de 2007

Simple Kind of Life

Definitivamente yo no cambio. Para variar dormí más de lo que debía y estaba otra vez atrasada. Me levanté, me arreglé (o lo intenté), tomé el morral, mis lentes y salí de mi casa. Hacía frío en Santiago y el otoño estaba muy presente. Avanzaba saltando y pisando sólo las hojas secas en el suelo... amo como suenan al romperse. Salí por la calle Galicia, con el Mp3 puesto, cantando Si tu me miras de Alejandro Sanz, mirando las hojas caer por el viento que estaba empezando a manifestarse. Había soñado algo muy extraño... cosas que no suelo entender y que luego me gusta escribir... no vale la pena contarlo ahora.
Había menos gente de lo común para un sábado por la tarde. Cantaba She will be loved mientras caminaba por Eduardo Castillo, pensaba en lo precioso que se ve el sol colándose por las pocas hojas que quedan en los árboles, miraba y todo parecía estar bien, recordaba esas mínimas cosas que hacen de la vida algo lindísimo... no lo cambiaría por nada. No entiendo cuál es la necesidad de la gente de tratar de cerrarme los ojos, no veo por qué les descoloca tanto... soy feliz (a pesar de todo), dime qué hay de malo con que sonría con los rayos de sol en la mañana cuando llegan a mi cama... pensaba en los brillante que puede llegar a ser mi ingenuidad... o en lo estúpido que se puede convertir.
Rojo... agh... semáforo del mal que interrumpió mi momento... crucé Macúl.
Juro que amo el olor a frío (sí, existe. No me digan que es olor a tierra húmeda o algo así... para mi es olor a frío y se acabó). Caminaba pisando sólo las hojas secas y si es que la siguiente hoja estaba muy lejos no me quedaba más que saltar.
Simple kind of life de No Doubt sonaba por el Mp3, nunca la había escuchado con detención; ese momento era el indicado, dejé de saltar y me tranquilicé. Mmm me pareció buena melodía a pesar de que estaba mal grabada.
Justamente esos son los momentos en los que me gusta detenerme, sentarme y escribir... no podía... estaba atrasada. Aún así caminé... pero lento y crucé Exequiel Fernádez causando la molestia del auto que esperaba para pasar. Me dio mas frío, el viento aumentó... cerré los ojos y seguí caminando. Sentí olor a mar, sólo Dios sabe porqué, mis manos estaban menos suaves... debe ser por la arena.
¿Por qué no escuché la canción antes? Hacía del día algo más lindo de lo que ya era, quizás fue hasta estúpido: me sentí más feliz y más segura... hubiese deseado que ese momento nunca se fuera. Quedaba poco para llegar y se me hacía más difícil caminar porque se me hundían los pies y ya me había cansado. Me senté sin fijarme dónde, doblé las rodillas, apoyé las manos y miré al mar en un día totalmente nublado, con viento, en silencio, con mis zapatillas llenas de arena, con No Doubt de fondo y con la nariz helada.
Definitivamente yo no cambio. Para variar dormí más de lo que debía y estaba otra vez atrasada. Me levanté, me arreglé (o lo intenté), tomé el morral y mis lentes y salí de mi casa.

jueves, 8 de marzo de 2007

15:28

Miedo no me dio. Para nada; sí mucha curiosidad de tener la oportunidad de hablar con ella. Uno jamás piensa en estar en ese tipo de situaciones y cuando se presentan... no sabes como enfrentarlas. Ese día me levanté temprano. Tal y cómo me gustan, un día con un tímido sol de invierno, de esos que no calienta, con un poco de frío y una leve brisa que te hiela la nariz. Caminé hasta el paradero de micro y ahí estuve esperando un buen rato por el Transantiago.
Luego...
No me hicieron problemas para entrar, no llevaba nada peligroso conmigo. Sólo quería saber su versión, su verdad. Primero entré a una sala pequeña, fría y por el olor supe que estaba recién pintada de color gris. Un par de ampolletas y unas sillas feas de madera me hacían compañía. Estaba nerviosa y me sudaban las manos. ¿Cómo tratar con alguien así?. Me senté sin apoyar mi espalda en la pared y puse una punta del pie sobre la otra, miré mis manos y me quejé de lo horrible que se veían. Las 15:28 decía el reloj blanco en la pared. Miraba a todas partes buscando algo para tranquilizarme. Hace dos noches había visto las noticias: una mujer había apuñalado a su marido. Según decían ella estaba presa por intento de homicidio, a pesar de que ella dijera que sólo se defendía. Era algo paradójico que mientras ella vivía su propia guerra, yo miraba su historia sentada en la cama de mi hermana comiendo tartaleta y tomando jugo natural de piña. Me puse de pie. Era mi turno ¡Sí! es ahora o nunca. Un hombre alto, moreno, con apariencia amargada me llevó a una sala más pequeña y fría. Tosí por el polvo. Claramente no limpian un lugar como ese. ¿Para qué?, pensarán. Una mesa en el centro y una silla a cada lado, una mujer con los ojos fijos en el suelo, con el pelo sobre la cara, escondiéndose y, al parecer, lamentándose de las esposas en sus manos. Veinte minutos, me dijo el hombre, me empujó de la espalda obligándome a dar un par de pasos. Me frustró por lo desconsiderada que soy a veces. Me senté frente a ella con más seguridad. La llamé por su nombre y levantó la vista. Había un moretón en el costado derecho de su boca y una herida en su mejilla. Me llegó mucho unas lágrimas en sus ojos y parece que el silencio afectó a ambas. Puso sus manos sobre la mesa... estaban moradas. ¿Tu me creerás?. Ella sólo no quería que la siguiesen golpeando. Fue un accidente, estoy segura. Lloramos: ella por sus circunstancias, yo por...

lunes, 5 de marzo de 2007

¡Que emoción!

Just a little bit
Me dio mucha pena… Verlo tan consumido en su propio mundo que tuvo que crear para pertenecer a algún lugar. Tan encerrado en sus propias ideas, confundido entre tantos dibujos y millones de detalles. Ahogado entre las lágrimas, las manchas del lápiz en las manos y la presión de tener que ser fuerte. Sólo abrí la puerta. Lo vi ahí, sentado en el suelo al lado de mi cama con las rodillas dobladas y yo sin saber ni que decir ni que pasaba por su cabeza. Me decidí por guardar el silencio que siempre guardo (¿ah?). Me di la vuelta y cerré la puerta.

Pensaba mientras colgaban mis pies por la ventana en el segundo piso. Me quejaba por mi molesta sensibilidad, por la inseguridad que no suelo demostrar y por el gato que insistía en entrar a mi pieza. Escribí.
Cuando tenía más o menos ocho años mi abuela me dijo que debía ser, como toda mujer, una caja de sorpresas. Inconscientemente lo soy: sin darme cuenta soy como ella me pidió. Soy como mi vieja adivina. Soy el resultado del daño que él me hizo. Soy la vida que dejó aquellos días en el sur... de gotitas de la laguna que llegan a tu cara levantadas por el viento. Soy... el resultado de la enormidad de cosas que me han pasado. ¡Sí! Llevo las marcas no sólo en la piel (como dice Fito) sino también en el corazón.
Espero que la caja de sorpresas de que me habló mi abuela sea sólo una pequeñísima señal de todo lo que me queda por hacer y por regalar.
Sí... poco me importa que suene utópico... poco mi importa que mis viejos me digan que sólo me haré daño (estoy dispuesta a pasarlo)... tengo millones de sueños, cien mil expectativas, mil sonrisas para dar, cien motivaciones... y muchísimas ganas de deslumbrar y ayudar a la gente que me rodea. Y si de algo me tengo que decepcionar... no es difícil levantarse.
“Tómalo con calma” ¿Calma? Quizás... tal vez no quiero. Tengo ansias a flor de piel y no está en mis planes esconderlas. ¡No! No hay nada que explicar.
Que raro... ya no miro las cosas con miedo. Ojalá no me abrume tanta ansiedad. Hay que saber controlarlas. ¿Malo está? Espero que no... ¡Claro que no! Sólo con la incertidumbre de dejar una señal. Sólo para que alguien sienta la sonrisa que llevo por dentro... para sólo compartirla.
Eso si... ya no sonrío como antes... ahora es con más fuerza.

Me quedé parada a fuera de mi pieza, cerrando los ojos por impotencia y lo escuché llorar.